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La irrupción de la Covid en los entornos laborales ha provocado que la mayoría de las actividades se realicen en casa por medio del teletrabajo. En este nuevo entorno, rodeado de distractores, el desarrollo de la motivación en los trabajadores es una actividad esencial. Si no lo hacemos, pueden caer en la procrastinación, derivada de la difusión de responsabilidad originada por la lejanía con el entorno de trabajo, o una desidia provocada por un intenso control externo 

De esta manera, para que la actividad laboral se produzca de manera eficaz es necesario que el trabajador esté motivado. La motivación se define como un estado interno que mueve a la persona a realizar una determinada acción con el fin de obtener una recompensa o evitar un daño. Esta puede ser tanto intrínseca como extrínseca, dependiendo de si consideramos que actuamos por nuestro propio interés o movidos por una influencia externa, como puede ser el sueldo a final de mes.  

Sin embargo, esta recompensa extrínseca puede que esté muy demorada en el tiempo y no produzca el efecto deseado. Sobre todo, cuando estar en casa implica estar rodeado de otras actividades altamente motivadoras (comer, descansar, socializar…). Por ello, es necesario desarrollar sistemas de motivación intrínseca que faciliten la realización del trabajo por la propia satisfacción de conseguir los objetivos marcados y satisfacer así, su propia necesidad de competencia.  

Csikszentmihalky, profesor de psicología por la universidad de Chicago desarrolló en 1975 la teoría de la experiencia de flujo. Se refiere a aquel estado de concentración puro que deriva en un profundo involucramiento en la actividad. El estímulo sensitivo, la actividad laboral en este caso, consigue activar el sistema de recompensa de nuestro cerebro, el cual está fuertemente implicado en el desarrollo de la motivación.  

Este sistema está compuesto por distintas estructuras cerebrales, y cuyo principal neurotransmisor es la dopamina, responsable de la generación de la sensación subjetiva de placer. Al percibirse esta actividad como placentera, la persona tiende a repetirla con la esperanza de experimentar nuevamente esa sensación, producida por la liberación de dopamina en el cerebro. 

¿De qué depende que una actividad se considere placentera? 

  • Que la probabilidad de que se reciba la recompensa sea alta. 
  • Se valoran más placenteramente actividades asociadas a recompensas a corto plazo que a largo plazo. 
  • El esfuerzo tiene que ser lo suficiente como para que la tarea no aburra, pero sin que esto suponga un esfuerzo considerable.
  • Que se trate de tareas novedosas con el objetivo de huir de la habituación y el aburrimiento. 

En este sentido, una forma de activar este sistema de recompensa es dividiendo la tarea del trabajador en distintos desafíos de dificultad incremental. Deben ser lo suficientemente complicados como para que supongan un reto, pero permitiendo un desempeño positivo por parte de los trabajadores, que deben tener las habilidades necesarias para superarlos. Esto provocará en ellos una confirmación de que poseen un alto nivel de habilidad, haciendo que se sientan cada vez más realizados 

El placer de superar nuevos retos junto con esta sensación de realización se traduce en una recompensa. Esta genera a su vez una respuesta en la corteza cerebral, creando una huella de memoria que asocia la experiencia con la actividad. En este sentido, la motivación también afectará a la memoria. Guiará la toma de decisiones en el futuro y priorizará las actividades gratificantes que se puedan realizar en el trabajo antes que otras distractoras que puedan aparecer durante la jornada laboral. 

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